Si no fuera por el último momento, nada se haría nunca.
George Bernard Shaw (Nobel de literatura irlandés en 1925, 1856-1950)
La presión del último momento tiene algo de magia oscura: concentra la mente, elimina el perfeccionismo paralizante y, de algún modo, saca lo mejor de nosotros.
Claro que Shaw también podría estar diciéndonos algo menos cómodo: que sin ese fuego en los talones, los seres humanos somos expertos en no hacer nada. Que el famoso "lo haré cuando tenga ganas" es la frase con la que más cosas han muerto sin nacer.
Hoy, viernes, dos lecturas posibles:
La optimista: relájate, el último momento siempre llega y siempre funciona. Disfruta del fin de semana.
La incómoda: hay cosas que llevan años esperando su último momento... y ese momento no va a llegar solo.
Tú decides con cuál te quedas. Nosotros ya lo dejamos para luego.

George Bernard Shaw (Dublín, 26 de julio de 1856-Ayot St. Lawrence, Hertfordshire, 2 de noviembre de 1950) Tras su educación básica, trabajó como oficinista, hasta que en 1876 marchó a Londres, ganándose la vida como crítico literario y musical en varias revistas. Escribió varias novelas, pero sin éxito, e ingresó en la Fabian Society, formando parte de su comité ejecutivo, siendo un activista socialista y un aplaudido orador. Ejerció como crítico teatral en The Saturday Review, y fue a partir de entonces cuando comenzó a escribir teatro y alcanzar un éxito inusitado. Fue cofundador de la London School of Economics, y tuvo participación en política. En 1925, se le concedió el Premio Nobel de Literatura, y en 1938, Hollywood le concedió un Oscar por el mejor guión cinematográfico del año.
























Canfield: “No te preocupes por los fracasos, preocúpate por las posibilidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”.
La matemática brutal del dibujo:
Arquero de arriba: 0 dianas, 6 intentos, 6 aprendizajes. Mañana ajusta el pulso.
Arquero de abajo: 0 dianas, 0 intentos, 0 aprendizajes. Mañana está igual.
El de arriba fracasa. El de abajo ni siquiera participa.
Felicidad es querer seguir tirando aunque no des. El de arriba ya ganó algo: está en el juego. El de abajo ni juega, así que ni puede ser feliz con lo que consigue.
La trampa del arquero de abajo:
Cree que no fracasar es ganar. Pero la diana vacía es el peor fracaso: el de las posibilidades muertas. Esas no hacen ruido al caer. No duelen hoy. Duelen a los 80, cuando miras el carcaj lleno y la diana limpia.
Tú decides qué carcaj quieres tener mañana: vacío por usado, o lleno por no intentarlo.