Atreverse a poner límites es tener el coraje de amarnos a nosotros mismos, incluso cuando corremos el riesgo de decepcionar a los demás
Atreverse a poner límites es, en el fondo, un acto de coherencia. Significa alinear lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos, sin traicionarnos para encajar en las expectativas de otros. Brené Brown nos invita a entender que el amor propio no se demuestra solo en palabras, sino en decisiones concretas que reflejan nuestros valores.
Cuando evitamos poner límites por miedo a decepcionar, rompemos esa coherencia interna y nos alejamos de nosotros mismos. En cambio, al sostenerlos con respeto, aunque incomoden, vivimos de forma más íntegra y auténtica.
Porque vivir en coherencia no siempre es fácil, pero sí es profundamente liberador y nos define como persona.

Brené Brown (San Antonio, Texas, 18 de noviembre de 1965-actualidad) es una académica y escritora estadounidense, actualmente profesora e investigadora en la Universidad de Houston. Durante los últimos quince años se ha dedicado a estudiar temas diversos, incluyendo la vulnerabilidad, el coraje, la vergüenza, y la empatía. Es autora de tres Nº 1 del New York Times Best sellers: Los Dones de la Imperfección (2010), El poder de ser vulnerable (2012), y Más fuerte que nunca (2015). Ella y su trabajo han sido presentados en PBS, NPR, TED, y CNN.
























Canfield: “No te preocupes por los fracasos, preocúpate por las posibilidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”.
La matemática brutal del dibujo:
Arquero de arriba: 0 dianas, 6 intentos, 6 aprendizajes. Mañana ajusta el pulso.
Arquero de abajo: 0 dianas, 0 intentos, 0 aprendizajes. Mañana está igual.
El de arriba fracasa. El de abajo ni siquiera participa.
Felicidad es querer seguir tirando aunque no des. El de arriba ya ganó algo: está en el juego. El de abajo ni juega, así que ni puede ser feliz con lo que consigue.
La trampa del arquero de abajo:
Cree que no fracasar es ganar. Pero la diana vacía es el peor fracaso: el de las posibilidades muertas. Esas no hacen ruido al caer. No duelen hoy. Duelen a los 80, cuando miras el carcaj lleno y la diana limpia.
Tú decides qué carcaj quieres tener mañana: vacío por usado, o lleno por no intentarlo.