Cualquiera que sea la libertad por la que luchamos, debe ser una libertad basada en la igualdad
Judith Butler (Filósofa feminista estadounidense, 1956-actualidad)
Todos queremos ser libres. Libres para elegir, para crecer, para ser quienes somos. Pero Butler nos recuerda algo que a veces olvidamos: nuestra libertad no puede ir separada de la de los demás.
Piénsalo un momento. Cuando tratamos a los otros con equidad y respeto, cuando reconocemos que sus necesidades importan tanto como las nuestras, algo curioso ocurre: nosotros también nos sentimos más libres. Más ligeros. Más completos.
La igualdad no es una limitación a nuestra libertad personal, sino precisamente lo que la hace posible de verdad.

Judith Pamela Butler (Cleveland, 24 de febrero de 1956-actualidad) es una filósofa neomaterialista y posestructuralista judeo-estadounidense que se ha dedicado a estudiar el campo del feminismo, la filosofía política y la ética, y ha sido una de las teóricas fundacionales de la teoría queer. Algunos la consideran «una de las voces más influyentes en la teoría política contemporánea» y “la teórica de género más leída e influyente del mundo”. Ejerce desde 1993 en la Universidad de California en Berkeley y pertenece al Departamento de Estudios Psicosociales del Birbeck College y a la European Graduate School, entre otros.
























Canfield: “No te preocupes por los fracasos, preocúpate por las posibilidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”.
La matemática brutal del dibujo:
Arquero de arriba: 0 dianas, 6 intentos, 6 aprendizajes. Mañana ajusta el pulso.
Arquero de abajo: 0 dianas, 0 intentos, 0 aprendizajes. Mañana está igual.
El de arriba fracasa. El de abajo ni siquiera participa.
Felicidad es querer seguir tirando aunque no des. El de arriba ya ganó algo: está en el juego. El de abajo ni juega, así que ni puede ser feliz con lo que consigue.
La trampa del arquero de abajo:
Cree que no fracasar es ganar. Pero la diana vacía es el peor fracaso: el de las posibilidades muertas. Esas no hacen ruido al caer. No duelen hoy. Duelen a los 80, cuando miras el carcaj lleno y la diana limpia.
Tú decides qué carcaj quieres tener mañana: vacío por usado, o lleno por no intentarlo.