Celebra el hoy sin quedarte a vivir en él
Enrique nos propone saborear el presente con profunda gratitud, celebrando sus dones fugaces sin anclarnos a ellos como si fueran eternos.
Esta frase transmite un sabio balance entre el mindfulness —que nos enseña a valorar las alegrías del ahora, reconociendo su impermanencia— y la proyección hacia el futuro, nos invita a seguir avanzando con el esfuerzo diario de intentar ser un poco mejores cada día. El “hoy” no es un fin, sino el primer peldaño sólido en el camino que define nuestro futuro.
Disfruta cada instante con el corazón abierto, pero avanza con paso firme, esfuerzo consciente y determinación inquebrantable hacia lo que está por venir. Así, el presente se transforma en el puente luminoso hacia un mañana pleno.

Meditáldia, surge de la decisión de uno de sus creadores (Enrique) de encontrar un ratito cada día para pensar, mirarse hacia adentro, aterrizar en el suelo para abandonar los problemas cotidianos y centrar su vida en lo verdaderamente importante.
La excusa era una cita que empezó a compartir con los amigos por correo electrónico, la lista de distribución creció y creció, por nuevas amistades, re-envios, peticiones y el boca a boca. Entre esos amigos, hubo uno de ellos muy especial (Luis) que se identificó con la idea y se puso a enriquecerla convirtiéndola en suya. De manera espontánea, de nuestras conversaciones, y viendo la dimensión que tomaba el grupo, se pensó en la posibilidad de hacerlo en forma de web y ampliar sus contenidos y objetivos. Lo que tenga que ser, será… la única intención es arrancar una sonrisa, un suspiro, un “es verdad”, un “hoy puedo” o un “tengo razones para dejar de sufrir”.
























Canfield: “No te preocupes por los fracasos, preocúpate por las posibilidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”.
La matemática brutal del dibujo:
Arquero de arriba: 0 dianas, 6 intentos, 6 aprendizajes. Mañana ajusta el pulso.
Arquero de abajo: 0 dianas, 0 intentos, 0 aprendizajes. Mañana está igual.
El de arriba fracasa. El de abajo ni siquiera participa.
Felicidad es querer seguir tirando aunque no des. El de arriba ya ganó algo: está en el juego. El de abajo ni juega, así que ni puede ser feliz con lo que consigue.
La trampa del arquero de abajo:
Cree que no fracasar es ganar. Pero la diana vacía es el peor fracaso: el de las posibilidades muertas. Esas no hacen ruido al caer. No duelen hoy. Duelen a los 80, cuando miras el carcaj lleno y la diana limpia.
Tú decides qué carcaj quieres tener mañana: vacío por usado, o lleno por no intentarlo.