
Hay que ser lo que se es, y no lo que se quiere ser ni lo que otros quieren que seamos
Miguel de Unamuno (Escritor de la generación del 98, 1864-1936)
Lo que Unamuno pensaba, no es invitación al conformismo, sino más bien un rechazo total a la falsedad y a la alienación. El individuo, sostenía, vive atrapado entre múltiples versiones de sí mismo. Por un lado, está la imagen que construye para agradar; por otro, la que los demás le imponen; y, finalmente, la que desea ser por pura vanidad.
Frente a esas máscaras, la única forma de libertad consiste en desprenderse de ellas, aunque el resultado disguste o sea contradictorio. El ensayista reaccionaba contra lo que él llamaba la «personificación», es decir, la tendencia de la sociedad a imponer roles y máscaras. No es casual que la palabra «persona» provenga del latín y signifique precisamente eso: máscara.
Unamuno defendía que, si el individuo se acostumbra demasiado a esa máscara, corre el riesgo de vaciarse por dentro, de perder su esencia.
No es fácil lo que propone, pero sí que es auténtico, y una manera de alcanzar la felicidad liberándonos de conflictos sociales y de nuestro propio ego. ¿tú qué opinas? Puedes dejar tus comentarios en nuestro Instagram (@meditaldia) o en nuestra página de Facebook.

Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 29 de septiembre de 1864-Salamanca, 31 de diciembre de 1936) fue un escritor y filósofo español perteneciente a la generación del 98. En su obra cultivó gran variedad de géneros literarios como novela, ensayo, teatro y poesía. Fue, asimismo, diputado del Congreso de los Diputados de 1931 a 1933 por la circunscripción de Salamanca. Fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca tres veces; la primera vez en 1900 y la última, de 1931 hasta su destitución, el 22 de octubre de 1936, por orden de Franco.
























Canfield: “No te preocupes por los fracasos, preocúpate por las posibilidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”.
La matemática brutal del dibujo:
Arquero de arriba: 0 dianas, 6 intentos, 6 aprendizajes. Mañana ajusta el pulso.
Arquero de abajo: 0 dianas, 0 intentos, 0 aprendizajes. Mañana está igual.
El de arriba fracasa. El de abajo ni siquiera participa.
Felicidad es querer seguir tirando aunque no des. El de arriba ya ganó algo: está en el juego. El de abajo ni juega, así que ni puede ser feliz con lo que consigue.
La trampa del arquero de abajo:
Cree que no fracasar es ganar. Pero la diana vacía es el peor fracaso: el de las posibilidades muertas. Esas no hacen ruido al caer. No duelen hoy. Duelen a los 80, cuando miras el carcaj lleno y la diana limpia.
Tú decides qué carcaj quieres tener mañana: vacío por usado, o lleno por no intentarlo.