Nuestra responsabilidad para con nosotros mismos viene primero, porque en cierto sentido lo que uno es, es la responsabilidad que uno tiene hacia los demás
Phyllis Bottome (Novelista británica, 1884-1963)
Esta frase pone el acento en un punto que muchas veces se olvida: cuidarse no es egoísmo, sino el primer paso para poder cuidar a otros. En el mundo de la salud, tanto de profesionales como de pacientes, es muy fácil dejarse absorber por el cuidado del prójimo y olvidar las propias necesidades. Sin embargo, si uno no se mantiene físicamente presente, emocionalmente estable y mentalmente sano, su capacidad de ayudar se resquebraja.
Esta idea encaja como un recordatorio silencioso: antes de dar consejos, acompañar o decidir tratamientos, cada persona necesita reconocerse como sujeto de cuidado, no solo como cuidador. Aprender a ponerse límites, respetar sus tiempos, descansar y buscar ayuda cuando la necesita, no solo mejora su calidad de vida, sino que también enriquece la calidad de la relación con el paciente, el compañero o el ser querido. En el fondo, responsabilizarse de uno mismo es, en sentido muy profundo, responsabilizarse de los demás.

Phyllis Forbes Dennis (31 de Mayo de 1884 – 22 Agosto de 1963) fue una novelista británica y escritora de historias cortas que escribió con el nombre de Phyllis Bottome. Uno de sus alumnos más famosos fue Ian Fleming, autor de las novelas de James Bond. Cuatro de sus obras – Mundos privados, La hora fatal, señal de peligro, El Corazón de un Niño – fueron adaptados al cine. Además de las novelas de ficción, también se conoce como una adleriana y escribió una biografía de Alfred Adler.
























Canfield: “No te preocupes por los fracasos, preocúpate por las posibilidades que pierdes cuando ni siquiera lo intentas”.
La matemática brutal del dibujo:
Arquero de arriba: 0 dianas, 6 intentos, 6 aprendizajes. Mañana ajusta el pulso.
Arquero de abajo: 0 dianas, 0 intentos, 0 aprendizajes. Mañana está igual.
El de arriba fracasa. El de abajo ni siquiera participa.
Felicidad es querer seguir tirando aunque no des. El de arriba ya ganó algo: está en el juego. El de abajo ni juega, así que ni puede ser feliz con lo que consigue.
La trampa del arquero de abajo:
Cree que no fracasar es ganar. Pero la diana vacía es el peor fracaso: el de las posibilidades muertas. Esas no hacen ruido al caer. No duelen hoy. Duelen a los 80, cuando miras el carcaj lleno y la diana limpia.
Tú decides qué carcaj quieres tener mañana: vacío por usado, o lleno por no intentarlo.