LA FRASE DEL DÍA
Vivimos rodeados de prisas. Corremos de una tarea a otra, contestamos mensajes mientras hacemos otra cosa, llenamos la agenda hasta que apenas queda un hueco y, cuando alguien nos pregunta cómo estamos, respondemos casi con orgullo: «No me da la vida». Como si estar ocupado fuera una prueba irrefutable de que estamos aprovechando bien el tiempo.
Pero actividad y avance no siempre son lo mismo. Podemos pasar el día resolviendo asuntos urgentes y llegar a la noche con la incómoda sensación de no haber dedicado ni un minuto a aquello que realmente nos importa. A veces hacemos muchas cosas, pero no necesariamente las cosas que queremos hacer.
Quizá convenga detenerse de vez en cuando y preguntarnos para qué estamos utilizando nuestro tiempo. No se trata de abandonar las obligaciones ni de convertir cada minuto en algo trascendental, sino de procurar que entre tanta tarea haya también espacio para las personas que queremos, para nuestros proyectos, para disfrutar y, por qué no, para no hacer absolutamente nada.
Porque las hormigas pueden permitirse estar ocupadas todo el día: al fin y al cabo, ellas no tienen que preguntarse si están viviendo la vida que desean.
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