LA FRASE DEL DÍA
Estos días muchas familias en España saben bien lo que es una derrota que no se elige. El fuego ha obligado a miles de personas a dejar su casa de un día para otro, a dormir noches seguidas en un polideportivo con lo puesto, a esperar sin saber si el lugar al que van a volver seguirá siendo el mismo. Y para quienes no tuvieron que salir, el confinamiento trajo su propia forma de incertidumbre: las ventanas cerradas, el aire cargado de humo, la espera sin poder hacer nada más que esperar.
Maya Angelou no pide que finjamos que eso no dolió. Nombra la derrota sin rodeos, como algo que de verdad puede pasarnos. Pero enseguida da la vuelta a la frase: dice que ese encuentro con la derrota no es el final de la historia, sino la parte donde empezamos a conocernos de verdad, de qué estamos hechos, qué cosas somos capaces de sostener, cómo se ve el camino de vuelta cuando por fin se puede recorrer.
Volver a una casa que ha cambiado, o a un pueblo que todavía huele a humo, no es volver al mismo sitio de antes. Es volver siendo alguien que ya sabe algo que no sabía: que se puede resistir el polideportivo, la espera, la incertidumbre, y aun así levantarse. Y eso, aunque no borre lo perdido, es un cimiento sobre el cual empezar a reconstruir.
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