Caerse forma parte del camino. A veces será por una decisión equivocada, otras porque las circunstancias no acompañaron y, en más de una ocasión, simplemente porque la vida decidió ponernos la zancadilla sin avisar. Lo importante, aunque lo intentemos, no es llevar una existencia impecable, sino conservar la capacidad de volver a ponerse en pie.
Quizá por eso conviene medir nuestros éxitos no solo por las veces que acertamos, sino también por aquellas en las que, después de equivocarnos, encontramos fuerzas para intentarlo de nuevo. Cada caída puede dejarnos algo: experiencia, prudencia, humildad o, al menos, una pista bastante clara sobre por dónde no volver a pasar.
Y un día como hoy puede ser un buen momento para recordarlo. No hace falta empezar la semana sin errores, dudas ni tropiezos. Basta con seguir avanzando. Al fin y al cabo, levantarse una vez más siempre será una victoria sobre quedarse en el suelo.