Lily Tomlin nos ofrece hoy una explicación bastante tranquilizadora para esos días en los que parece que todo nos supera: quizá el problema no seamos nosotros, sino ese pequeño inconveniente llamado realidad. Y, por desgracia, todavía no han inventado una vacuna contra ella.
Aunque la frase contiene una precisión importante: la realidad solo parece causar estrés entre quienes están en contacto con ella. Siempre hay quien consigue mantenerse prudentemente alejado, viviendo en un mundo donde los problemas son de otros, las obligaciones pueden esperar y las dificultades desaparecen con solo ignorarlas. Puede que sufran menos estrés, aunque probablemente quienes conviven con ellos sufran un poco más.
Para los que seguimos en contacto con la realidad, no podemos evitar que venga cargada de prisas, problemas, obligaciones e imprevistos, pero sí podemos decidir cuánto espacio les concedemos. A veces, tomarnos las cosas con un poco más de distancia, relativizar lo que hoy parece importantísimo y permitirnos reír incluso en medio del caos puede ser una estupenda forma de cuidar nuestro equilibrio.
Porque desconectar completamente de la realidad quizá no sea aconsejable… pero desconectar de vez en cuando de su dramatismo es bastante saludable. Y si además mañana es sábado, tenemos una magnífica excusa para empezar a practicar.