A menudo asociamos el valor con los grandes gestos, con decisiones extraordinarias o con personas capaces de enfrentarse a situaciones excepcionales. Sin embargo, buena parte del coraje que necesitamos en la vida es mucho más discreto.
También hace falta valor para reconocer que hoy no hemos podido, para aceptar una equivocación, para atravesar una mala etapa o simplemente para seguir adelante cuando las cosas no han salido como esperábamos.
No todos los días tienen que terminar con una victoria. Algunos basta con terminarlos conservando las ganas de volver a intentarlo.
Quizá por eso esa pequeña voz de la que habla Mary Anne Radmacher sea una de las formas más auténticas de valentía: la que, incluso después de un día difícil, todavía es capaz de decirnos «mañana lo intentaré de nuevo».