Cada día trae consigo una oportunidad que ayer no existía. No porque nuestros problemas desaparezcan durante la noche, sino porque nosotros tampoco somos exactamente los mismos: hemos vivido, aprendido y quizá descubierto una forma diferente de mirar aquello que nos preocupa.
Las nuevas fuerzas de las que habla Eleanor Roosevelt no siempre significan tener más energía o más ánimo. A veces consisten simplemente en recuperar la voluntad de intentarlo de nuevo. Y los nuevos pensamientos pueden ser esa pequeña idea, esa perspectiva distinta, que nos permite encontrar una salida donde antes solo veíamos dificultades.
No podemos cambiar lo que ocurrió ayer, pero sí decidir con qué actitud afrontamos hoy. Con cada nuevo día nace una nueva oportunidad para volver a intentarlo, para hacer las cosas de forma diferente aplicando toda nuestra experiencia previa. ¡A ver cómo nos va mañana!