Anne Lamott sabe de lo que habla. Esa frase no la escribe alguien que ha tenido suerte. La escribe alguien que ha pasado por la noche.
"La esperanza comienza en la oscuridad, la obstinada esperanza de que, si haces lo correcto, llegará el amanecer"
Fíjate que no dice que la esperanza sea alegre, luminosa, llena de colores. Dice que es obstinada. Terca. Cabezona.
No es optimismo de frase bonita. El optimismo dice "todo va a ir bien". La esperanza dice "aunque ahora todo vaya mal, merece la pena seguir haciendo lo correcto".
Y empieza en la oscuridad. No antes. Nadie necesita esperanza cuando todo va bien. La necesitas cuando estás en la sala de espera del hospital, cuando has perdido el trabajo, cuando una relación se rompe, cuando miras el techo a las 3 de la mañana y no ves salida.
Ahí es donde la mayoría abandona lo correcto porque piensa "¿para qué?"
Pues para esto: porque el amanecer no llega porque lo merezcas. Llega porque la Tierra sigue girando. Siempre llega. Pero solo quien aguantó haciendo lo correcto en la noche puede verlo con la conciencia tranquila.
Hacer lo correcto en la oscuridad es: Seguir siendo amable cuando estás herido. Seguir siendo honesto cuando mentir sería más fácil. Seguir cuidándote cuando no tienes ganas. Seguir creyendo en la gente cuando te han fallado.
No te garantiza que todo se arregle mañana. Te garantiza que tú no te has roto por dentro mientras esperabas.
La esperanza no es que veas la luz al final del túnel. Es creer que, aunque no la veas ahora, si sigues caminando, tarde o temprano, el túnel se acaba.
Y se acaba. Siempre se acaba.